MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA
Ser
docente hoy, es y será una enorme responsabilidad la que, a la vez, se
constituye en un privilegio singular que todos los que ejercemos la docencia
conocemos. La posibilidad de contribuir a la formación de personas es, sin
duda, una tarea ardua y, por qué no decirlo, envidiable, que hoy tiene
posibilidades reales de tener alcance global.
La
situación actual tiene características que hacen indispensable impulsar nuevas
y variadas maneras de ejercer la docencia. Una de ellas, la disponibilidad de
conocimientos nuevos que nos impactan con una velocidad jamás antes
experimentada, produce la rápida obsolescencia de algunos contenidos tanto en
el ámbito tecnológico como en otros, y obliga a enfatizar el aprendizaje de
habilidades, destrezas y competencias cuya vida útil supere la de aquellos.
El
que escoge la profesión docente, comienza un camino que está profundamente
marcado por el fin último y primera prioridad que incluye su práctica: que los
estudiantes aprendan y se desarrollen.
Esa
prioridad involucra una responsabilidad enorme, y requiere de personas que
tengan grandes capacidades, difíciles de enumerar en dos párrafos. De lo que no
hay duda es que esas capacidades involucran una gran exigencia, a la que en el
día a día los profesores deben dar respuesta. La siguiente reflexión se deriva de la experiencia docente a través de los años como profesor en la Educación Media Superior.
Me llamo Omar Alejandro
Herrera Zúñiga, soy originario y radico en una ciudad llamada: “Los Reyes de
Salgado, Michoacán”, termine mis estudios de licenciatura en el I.T.S.L.R.
(Instituto Tecnológico Superior de Los Reyes) donde concluí mis estudios de
Licenciado en Ingeniería en Sistemas Computacionales en Julio del 2006.
Como
seguramente muchos de mis compañeros maestros, yo tenía a la docencia como la
última de mis opciones, pero creo que el destino me tenía preparado una
sorpresa, pues al terminar las vacaciones del verano de ese año que terminé mis
estudios, recibí una llamada por teléfono de mi tía que es maestra del COBAEM diciéndome
que requerían un profesor para impartir unas horas en el área de Informática y
que yo tenía ese perfil, lo que yo le respondí que yo no era profesor y que
nunca había dado clases, sin embargo ella me dio ánimos diciendo que era una
buena oportunidad de trabajo que me calara y que si no me gustaba podía cambiar
de trabajo a los seis meses. Lo pensé bien y no se me hizo tan descabellada esa
opción ya que me era un poco familiar el ambiente educativo ya que mi padre
también ejerce la docencia desde hace 30 años o más, y también él me apoyó para
que iniciara como docente y así fue como surgió la posibilidad de trabajar en
el Colegio de Bachilleres del Estado de Michoacán, plantel Los Reyes.
Mucho
miedo, nervios, un poco de inseguridad y la voz quebradiza eran mis compañeros
durante los primeros días como docente y al igual como lo menciona José M.
Esteve en la aventura de ser maestro (2003).
“Nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por
ensayo y error”.
En
el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia
identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen
interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al
nivel de conocimiento del alumnado. La enseñanza es una profesión ambivalente.
En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda
ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las
manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus
alumnos.
Luego,
con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude
abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en
mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se
puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo
que pienso, de ensayar nuevas técnicas
para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la
libertad llegó la alegría: la alegría de
sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la
alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura
y en un reto intelectual.
Para
mi ser profesor es una profesión a la vez muy bonita, muy satisfactoria, pero a
la vez difícil, estresante y sobre todo es una gran responsabilidad. Intento
aportar un granito de arena con un poquito o mucho de mis conocimientos en mi
materia para con mis alumnos, me siento muy contento y es muy satisfactorio
cuando algún alumno logra alcanzar una meta, realiza un producto, sabe realizar
algo que no sabía y que yo le enseñé a hacerlo, pero para que una meta sea
alcanzada deben de pasar muchas cosas más en un salón de clases, por ejemplo si
yo quiero que mis alumnos aprendan un tema en específico y el grupo es
insoportable, es un grupo inquieto, flojo, con una actitud pésima a querer
aprender algo, es allí lo difícil y estresante se puede volver una clase,
cuando los alumnos no cooperan, y entonces es cuando uno como maestro debe de
buscar la manera de motivar a sus alumnos a tener ese deseo de aprender, ver de
qué forma puede llevar a sus alumnos al aprendizaje que él quiere dar. Debemos
de buscar una estrategia que funcione para un grupo en especial y hasta volver
a cambiar esa estrategia para el próximo grupo ya que muchas veces cambian las
circunstancias y las condiciones que para un grupo te funcionaron, pero que
para el otro grupo no.
Al
final del día uno reflexiona y piensa como le fue en la escuela, y uno mismo se
da cuenta si fue un día pesado o relajante, y si somos maestros que nos
interesa hacer bien nuestro trabajo, idearemos cosas nuevas para que el día
siguiente sea mejor que el que acaba de pasar. En mi caso particular yo soy un
profesor que me llevo bien con mis alumnos, soy su profesor pero también soy su
amigo, me gusta escuchar a mis alumnos cuando tienen problemas, y la mayoría de
las veces los aliento a seguir adelante, para que se sigan preparando. Siento
también que soy paciente con ellos, pero no tanto porque después ellos te toman
la medida y se quieren burlar de ti.
Soy
exigente cuando tengo que serlo, pero también soy flexible. Me disgusta la
flojera en los alumnos que casi no cumplen con sus tareas y trabajos, con los
alumnos que no estudian, y que en sus exámenes reprueban porque no estudian.
Siempre estoy buscando mis errores en que estoy fallando yo como profesor y
cambiarlo en favor de mis alumnos, pero también trato de dialogar con mis
alumnos para saber por qué reprueban un examen, el por qué no cumplen con sus
trabajos y tareas, para volverlos a encaminar y recuperarlos.
Mi
experiencia como alumno de la especialidad ha sido muy satisfactoria,
gratificante y enriquecedora, pues me ha dado la oportunidad de ver como hago
mi labor docente desde afuera y poder mejorarla de mil maneras, al utilizar
estrategias de enseñanza-aprendizaje que antes no tenía contempladas y que
ahora tengo una visión muy diferente que ha abierto un gran panorama en donde
puedo hacer uso de muchas herramientas que me ayudarán en mi practica como
docente y que muchas de ellas son innovadoras y que creo que son muy útiles y
lo mejor de todo es que a nuestros alumnos les llama mucho la atención lo
novedoso de las TIC´s.
Profesor:
Omar Alejandro Herrera Zúñiga







